¿Se puede ser feliz en el trabajo?


 Considerando que el trabajo es cualquier actividad que se realiza a cambio de una retribución económica, podemos determinar que la finalidad del mismo no es ni mucho menos la felicidad. Pero también es cierto que hoy en día el trabajo supone un alto porcentaje de nuestro tiempo, por lo que la cuestión no se debe tomar  la ligera.


Para analizar la situación de la felicidad en el trabajo, es interesante reflexionar acerca de la finalidad del mismo por parte del empleador. La necesidad de retribuir a personas que lleven a cabo un trabajo determinado es, a fin de cuentas, fortalecer un negocio. Está demostrado que los empleados más productivos son los más motivados para realizar sus tareas; y la motivación es mayor cuanto más a gusto se está en el puesto de trabajo. Por tanto, podemos concluir que si bien la felicidad no es el objetivo del trabajo; ésta es primordial para alcanzar de mejor forma los objetivos del negocio.


Numerosos estudios hacen hincapié en los beneficios de contar con trabajadores felices en la empresa. El bienestar en el trabajo es  un medio para obtener dos grandes beneficios fundamentales: por un lado, la felicidad del trabajador y por otro, la productividad de la empresa. 


Pero, ¿cómo se consigue la felicidad en el trabajo? El bienestar del trabajador se sustenta, en gran medida por este. La actitud es una cualidad personal muy poderosa y casi siempre, resulta fundamental. Del mismo modo, la falta de actitud, puede mermar cualquier otra medida. Pero la buena noticia es que la actitud se puede trabajar y reforzar; incluso por parte de la propia empresa. Así lo atestiguan las políticas de felicidad que se llevan implantando por muchas empresas en los últimos años.


Desde el punto de vista empresarial, podemos definir una serie de cuestiones que acercan a los trabajadores a la felicidad en su puesto de trabajo. Si la empresa no las tiene en cuenta difícilmente podrá atraer talento que impulse a la compañía… y lo que es más grave, tampoco podrá retener el talento interno.

Las cuestiones básicas a cuidar por parte de las empresas suelen ser, además del salario, la posibilidad de aprendizaje, el reconocimiento, la oportunidad de crecer profesionalmente o la conciliación con la vida familiar. Pero en la base sobre la que se sustenta el bienestar del trabajador encontramos una cuestión que es frecuentemente olvidada o simplemente dada por hecho: la limpieza.

Su relevancia es tal, que su ausencia es el principal motivo para rechazar un empleo; del mismo modo que se rechazaría una habitación de hotel o un restaurante. A partir de la limpieza y la higiene, los empleados valoran otras cuestiones como el fomento del ejercicio físico, los exámenes médicos o la gestión de conflictos; pero menos.

Dependiendo de las características del sector y el puesto, existen distintos estándares; pero en mayor o menor medida según las condiciones concretas, la limpieza y la higiene (directamente ligadas a la salud), son innegociables. Mucho más aún en “trabajos de oficina”.

No en vano, las cuestiones relacionadas con la salud y la limpieza son de gran importancia cuanto más ascendemos en el organigrama de la empresa. Los puestos directivos y los profesionales altamente cualificados son los que más valor dan a estos factores de bienestar. Podríamos sumarlos a los tres factores fundamentales que establece David Bonilla (Las tres erres) para sumarse a un proyecto empresarial: referentes, referencias y retos.

Definitivamente, es posible ser feliz en el trabajo y para ello es necesario que la empresa tome conciencia de lo importante que es propiciar ese bienestar. No sólo es un servicio a las personas, sino que revierte directamente en la propia organización.

 

 

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